Lanzó esa mirada
de rencor, como alguna vez lo había echo en su niñez, cuando se terminaban los
juegos y era hora de dormir. Entendí así, que aquél que siempre fue mi desvelo,
aún seguía siendo ese niño y guardaba en su corazón toda una niñez que no
quería abandonar.
Aquella niñez de
juegos, de amigos, de soldaditos, de juguetes… ella vivía en él, a pesar de su
edad.
Le era difícil,
incomprensible e inaceptable la vida que observaba y juzgaba. Esa vida de la
sociedad a la que debía adaptarse. Con normas sin sentido, con hipocresía,
falta de valores. La cuestionaba, le daba vueltas en un cabeza de niño, a pesar
de su sapiencia.
Tenía todo para
vivir una adultez plena, tenía inteligencia, sabiduría e instrucción. Pero el
se refugiaba en la idea del niño eterno. ¿Sería miedo? ¿Sería la no aceptación
de un mundo adulto enfermo y problemático?
Creo que nunca desvelaré
el misterio… pero no olvidará jamás mi corazón esa mirada de niño
incomprendido, de adulto que teme crecer.
Esa mirada fue
un puñal…
Sandra Brinkworth, mayo de 2023
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