viernes, 25 de abril de 2025

Te perdono

 

Te perdono.

Hey, tu. Recostado cual despojo en mi cama. Basta. Ven aquí al espejo y mirémonos a los ojos. Así, aquí frente a frente. Tengo muchas cosas que decirte. Siento rencor, indignación. Ha surgido en mí una epifanía por eso me urge hablarte. ¿Sabes? En realidad, quisiera terminar contigo por todo el mal que me hiciste. Pero no es la forma, seria más de lo mismo. Por eso te voy a hablar. No sé si te voy a escuchar, porque no sé, despojo humano, si mereces ser escuchada. Mucho daño me hiciste.

Mírate en el espejo, todas esas cicatrices en los brazos. Pues no quiero tenerlas. Y tú me las marcaste para siempre porque estabas enojada. ¿Con quién? ¿Qué daño te hice? Nunca fui mala persona. No merezco tener estas huellas de ese daño.

Sosiego. Hablemos con calma. Sí, es verdad que quisiera terminar contigo, pero demasiado daño hay en esta relación. Vamos a entendernos.

A pesar del odio, te aseguro que te entiendo. Es más, al ver tus inocentes ojos en el espejo me he calmado bastante. Entiendo a tu niña herida, la he leído en tus escritos, no sé qué le pasó, porque allí todo está muy oscuro. Nunca lo sabré. Tampoco sabré del trauma. Pero te aseguro que no somos las únicas. Todos lo padecen y siguen su vida sin hacerse daño.

Yo hoy te propongo que descanses. Que me dejes el control porque estoy más preparada y se cuál es la dirección y lo más importante, voy a protegernos. Descansa y te perdono. No sabias lo que hacías y no tenías las herramientas para construirte. Hoy las tenemos.

Nos esperaran días de presentes eternos, descansa que yo sigo caminando.

lunes, 21 de abril de 2025

Lazos

 

El, con sus grandes ojos celestes, hacia brotar palabras de su boca inquieta. Boca astuta. Boca sabia de engaños y mentiras. ¿Por qué esa boca decía falsedades? Tan dócil la verdad. Verdad que yo conocía, anhelaba. Había tejido un lazo de palabras. Palabras inciertas. Lazos vanos. Hilos rotos, lazos sucios. Él lo sostenía en su mano y lo alcanzaba hacia mí, con la otra. Mas roto veía yo ese lazo. Pero lo tomaba. Entonces me pasaba que empezaba a verlo. A verlo. ¿Qué paso con tus grandes ojos celestes? ¿Qué paso con tu amplia sonrisa? ¿Qué paso con tu noble corazón? ¿Dónde está ese hombre inmenso, admirable? ¿Quién eres tú que me ofreces esta cinta sucia y rota? Dile a él que venga.

Ya no está aquí.

Soledad y vacío.

Lluvia.

domingo, 20 de abril de 2025

Ojos cielo

 

 

Ojos cielo

Tus ojos, profundidad de mar. Cielo cautivado en una mirada. Mirada de una vida que ha sabido ser honesta y forjadora de grandes amistades. Hablar pausino. Andar sin prisas. ¿existe un antónimo de ansiedad? Toda una vida de trabajo. Lo que más amabas realizado con tus pulcras manos. Te negabas a dejarlo cuando la edad ya te lo exigía. Formaste un nido donde reinaba la paz, las risas, las bromas; donde nada era dificultad. No había enfrentamientos. Luego cada uno fue siguiendo su camino. Y siempre estuviste allí para apoyar.

La vida sagaz permitió que la muerte entrara repentina y violenta. Te robo de mí. Quito tu presencia amorosa. Quede pasmado. Quede desolado. Quede reflexionando…

No estás aquí, estas en mi por siempre.

 

Sandra Brinkworth, 20 de abril de 2024