sábado, 7 de diciembre de 2024

Procesión

 

Me desperté atontada, con la cabeza pesando sobre mis hombros, la luz que provenía de las ventanillas me encandilaba. Y los recuerdos eran sombras danzantes. No sabía que hacia allí, no recordaba nada. Traté de serenarme, cerré los ojos un lapso más…

          Empecé a ubicarme en el entorno, volví a abrir mis ojos y vi en el asiento delantero a mi madre. Hacía mucho no la veía, desde el 2023, lloraba desconsolaba. Inmediatamente supe que algo terrible habría ocurrido… ¡Pero no lo recordaba!, a mi lado mi hermana y mi hijo, también lloraban. Los abracé, por empatía, pues estaba estupefacta. Algo había pasado en mi familia. Observé nuevamente a mi madre, tenía el semblante triste, derrotado, pero eso ya lo había notado en mi última visita a ella, sus ojos verdes seguían tristes, le extendí la mano y se la presioné con fuerza, ella hizo lo propio.

          Mi necesidad inmediata era saber qué había acontecido. No podía preguntárselo a mi hermana. ¿Qué sucedería  si algo le hubiera ocurrido a alguno de sus hijos? Me tacharía de ingrata e insensible. Entonces mi porte también se transformó en el de una persona sumamente dolida. Y también la abracé y lloré.

          Era evidente que íbamos en una procesión fúnebre, delante iba un coche con el féretro, nuestro coche era negro, y detrás una fila de coches.

          Comencé a distraerme con las calles de Concordia, extrañaba mucho mi ciudad natal. Siempre tan bella, tan bulliciosa, con el olor a azares en el aire. Esa ciudad que me vio nacer, enamorarme, obtener mi título, y ver nacer a mi preciado hijo. En nuestro recorrido al cementerio era inevitable recorrer las instalaciones de la escuelita que tantos años me albergó como docente. Donde conocí a mi querida amiga. Todo eran recuerdos, los olores, el viento cálido, la gente… volver a Concordia

          Eso me distrajo por un ensoñado momento. Un poco más despejada seguí con mi cuestión, saber que había acontecido. La verdad que no hubo, en mi familia, sucesos tan trágicos, solo la muerte de mi padre, que tampoco fue trágica, se fue como él era, tranquilo, sin exabruptos, como un caballero. Mi hermana y yo estábamos en la habitación de la clínica cuando falleció esa mañana de la hermosa Concepción del Uruguay. Escuchamos su última respiración. Yo le dije a mi hermana:  - murió. ¿Cómo explicar el estertor de muerte, si nunca lo había escuchado? Solo lo presentí. Lloramos mucho. Luego el velatorio los pésame, mi mamá muy sentida y triste.

          Entonces; seguía con el debate en mi cabeza, quien habría muerto, giré sobre el asiento y pude ver casi sobre nuestro vehículo el de mi cuñado con todos los chicos. Sentí alivio. Ellos no eran. Detrás de ellos divisé el vehículo de mi hermano con su esposa. Mi sobrino no estaba. Recordé que vivía en Portugal. ¿Sería él? O seguramente no podría haber viajado. Sentí que se me estremecía el corazón, recordando a mi sobrino cuando era pequeño, y jugábamos con él y mi hijo, era tan inocente, tan dulce. No quería pensar en eso. Pero inevitablemente allí se centró toda mi atención.

          Llegamos al cementerio y todos descendimos. Mi cuñado, mi hermano, mi hijo y mi sobrino, el hijo mayor de mi hermana, llevaron el féretro hasta el panteón de la familia. Se ofició una pequeña ceremonia. Yo no escuché lo que decía el sacerdote, estaba apretujada entre la gente y los sollozos. Luego ubicaron el ataúd en su lugar, las flores, cerraron el panteón y la procesión sollozante volvió a los coches. Yo me quedé un rato, luego volvería. Me senté en el escalón del panteón a pensar. ¿Qué había sucedido? ¡Tendría que haberle preguntado a mi hijo! Él no me habría juzgado por mi impertinencia. De pronto mi mente me llevó hacia otra dirección. Recordaba haber estado en San Francisco y luego despertar en el auto. Habría tomado calmantes por alguna mala noticia?... estaba anonadada. Me puse de pie y comencé a repasar los nombres en los bronces. Me llamó la atención el más nuevo. ¡Claro, sería de la persona que falleció! Lo leí con estupor… era mi nombre.

San Francisco, Cruzaba la avenida, hubo un sobrepaso, un vehículo y sus luces me cegaron. Concordia. Panteón… Mi nombre.

 

Sandra Brinkworth 9 de mayo de 2024

 

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