Sus
cabellos rubios rodeaban, es más, acariciaban su rostro de tez blanquecina. Sus
ojos enormes revestidos con largas y tupidas pestañas, miraban inquietos. Su
cuerpo denotaba la necesidad de un ir y venir bullicioso. Debajo de una
aparente firmeza se ocultaba un corazón enorme, capaz de darlo todo sin pedir
nada a cambio. Aparentemente imperturbable, su alma se sacudía ante cada vaivén
de la vida.
Debajo
de su coraza de mujer empoderada se hallaba una niña que sufría, cual si ese
dolor le fuera impartido sin poder ella desprenderse de él. Nunca la vi llorar,
pero sus ojos, sus manos, su cuerpo, muchas veces lloró a gritos por personas
que la habían dañado aprovechándose de su corazón noble y entregado.
Quizás
no haya planeado su presente, quizás soñó con una vida diferente. Pero, la vida
inoportuna y tenaz se impuso. Formó un nido y vivió por esos pichones que
lentamente fueron creciendo. Fueron su esmero y la felicidad propia se trasladó
a ellos. Quizás hubo algún mandato heredado involuntariamente. Pero ella no lo
cuestionó. Amaba sus retoños y no renunciaría a ellos.
Amiga
entregada y noble, supo cosechar amistades a quienes nunca abandonaría. Sabía
rodearse de cuando en cuando de ellas, no obstante la distancia que las
separaba.
En
su pequeño mundo, rodeada de sus hijos, vivía en soledad. Una sociedad que no
supo valorar la inmensidad de su humanidad la dejó relegada a su hogar. En el
era diligente e imprescindible, entregada pero resignada.
¿Cómo
duele comprobar que no ha podido ser plenamente venturosa, que su felicidad han
sido sólo sus retoños? Que no se ha valorado ni percatado de su gran potencial,
inteligencia e instrucción. Una mujer que puede contra todo, que cada herida la
ha hecho más fuerte. Me niego a aceptar que ella sea condescendiente con lo que
le ha tocado vivir.
Pero,
¡qué puede este insignificante ser diligenciar por ella!... me consuela ser
solo su escucha, que ella intuya que allí estaré cuando me necesite.
Nunca
encontré en mi vida tanta capacidad, bondad, entrega… palabras que no caben en
un corazón, nunca me percaté de alguien que deje su vida por vivir otra que no
habría planeado.
Quizás
haya un mundo paralelo, y allí esté ella, cual una diosa venerada, cumpliendo
sus fantasías y siendo la persona que siempre quiso ser.
Sandra Brinkworth, diciembre 2023.
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