viernes, 31 de enero de 2025

Gotas afladas

 

Gotas afiladas

 

Las gotas caen sobre el suelo, sobre el techo

Cada gota tiene un propósito, dialoga

Musita palabas desconocidas por mi

No logro entenderlas

¿Qué sabe el agua que yo no sé?

El misterio del sonido de cada gota

Afilada, torpe, atolondrada, certera

Las gotas me hablan

Caen y se despedazan

Como despedazado esta mi corazón

Despedazada la razón

Las gotas afiladas y tontas caen

Sonido ensordecedor

Tú me has dejado

Sandra Brinkworth, 31 de enero de 2025

Mis deseos para ti

 

Mis deseos para ti

 

Desde el abismo de mis errores, que me ata indefectiblemente a Hades. Desde el altar de lo vivido, que cual Ave Fénix pude resurgir y aprendedor lo que muchos no han hecho. Desde esos dos mundos he venido a hablar a tu corazón. Cada sentimiento que nazca de mí y se haga palabra, es necesario que lo tomes en ti para cada día de tu vida, para que no seas Ave Fénix que debe incinerarse. Lo hice antes por vos.

La vida es el más bello regalo que has recibido, no sabemos de quien lo hemos recibido, ni hacia donde iremos y ni siquiera cuándo nos detendremos, solo tenemos este eterno presente. Un hoy que no hay que arriesgar en la inercia ni dejar caer en vanidades. ¿Cómo anclarme en el presente y no divagar en tiempos muertos? Lígate a tu respiración, siéntela. Juega con el mágico ir y venir del aire ingresando por tu nariz y saliendo cálido de tu boca. ¿Pensamientos? Déjalos ir, míralos y deja que pasen como nubes, tu mente necesita esa calma, Solo eso basta para que te centres en el hoy.

Este bello regalo viene cargado de situaciones ingratas. Tú debes anticiparte. Asegúrate de saber que vas a estar mal, que vas a sufrir, que sentirás frustración. Todos lo hemos hecho. Pero debes saber que es solo una difícil tormenta que todos atravesamos. Mantente estoico ante las adversidades. Protégete ante lo repentino, sabiendo que la vida es así. Si algo no fuera como tú lo esperas, no te frustres, la vida tiene sus formas de demostrar el ir y venir del tiempo. Pero no cierres los ojos a todo lo bello que la vida trae y disfrútalo como un niño que conoce por primera vez el mar. Nunca dejes de asombrarte. No cierres los ojos a la hermosura de la naturaleza y no la dañes. No te ciegues ante la belleza del mundo y los hombres. En cada rincón del planeta hay un hombre peleando por la justicia. No te ciegues, no todo es malo. Hay gente dando grandes batallas en paz.

Cuida tu salud, tu cuerpo. Es tu vehículo para deslizarte en la vida y cambiará con el tiempo. Cuánto más lo cuides de exuberancias o vicios y tengas templanza y disciplina, más lo vas a disfrutar en los años últimos. Se disciplinado.

          Cuando tú mente divague, dirígela hacia la planificación de un objetivo. Se generoso con éste. Hazlo grande… y mientras meditas, urde un plan con pequeñas metas para lograr ese objetivo.

No sientas que la vida que se te ha dado es insignificante al lado de otra, toda vida es un milagro en sí misma. Disfruta cuando haces planes y cuando los logras y nunca veas a tu hermano hacia abajo o hacia arriba. Todos estamos en el mismo nivel y somos hijos del universo.

Enamorarte, baila, canta, corre, ríe, salta… se niño otra vez. Disfruta y no te falles ni te dañes.

Yo te estaré viendo y estaré riendo contigo. Quizás en otro universo paralelo, pero estaré. Porque las personas que amamos no se van, se quedan dentro de nosotros para siempre.

Se feliz.

Sandra Brinkworth 31 de enero de 2025

Escribir al dolor

 

Escribir al dolor

 

¿Se puede escribir el dolor?

Si las palabras armonizan poesías y canciones,

¿cómo podrían nombrar lo más triste del mundo?

Lo más triste del mundo, aquello que podemos soportar, quizás, sin lágrimas.

Aunque sabemos que corroe nuestro interior hasta dejarnos débiles seres.

¿Qué es lo más triste del mundo?

¿Podría nombrar esta noche calurosa, lo más triste del mundo?

Podría hacerlo para simular, olvidar, algo que está partiendo mi corazón en dos.

Podría hacerlo para vagar en imágenes turbias y bizarras… olvidar.

Quizás, como alguna vez en mi infancia leí, un caballo blanco hundiéndose en un pantano,

O la mirada del niño hambriento de amor, peo a su vez frio como un tempano,

Los ojos de un perro callejero,

Una bella mujer asistiendo a su suicidio,

Una abuela sin nietos que la visiten,

Los viejos olvidados,

El viento que corre con tierra y difumina todas las buenas intenciones de los epitafios,

Olvidar las enormes y generosas manos de mi padre.

Aun puedo rebalsar de palabras que amontonadas hagan doler el corazón.

Un día de lluvia en una inundación,

La cruz de una Iglesia precipitando al suelo,

Una madre llorando con su hijo muerto en brazos,

Un gatito cachorro abandonado a su suerte,

Un nido de ave destrozado,

Los ojos de un niño sin madre,

Una guerra.

Todo ello me conmueve, mas no ha brotado una lagrima en mí.

Pero cuando recuerdo su figura encorvada, su sonrisa sincera, su abrazo tembloroso, y lo peor de todo sus ojos. Sus ojos que van anunciando el final, sus ojos eternamente verdes, sus parpados que quieren caer. Sus palabras “ya me queda poco”. Eso querido lector, eso me ha doblegado, ha dejado las lágrimas como finos cristales que amenazan destruirlo todo. El dolor es insuperable. Desbarata todas las estructuras. Una sombra que lo cubre todo, un grito silencioso. Esa congoja hoy puedo reducirla en una sola palabra “Mama”.

Sandra Brinkworth 31 de enero de 2024