Tres palabras. Solo eso le era suficiente para describir todo un sentimiento que le cabía en su pecho, le desbordaba por los ojos, las manos, los gestos medidos. Él era así. Impasible en todo su ser. Sus pasos cansinos, sus manos serenas, su rostro afable, sus ojos profundos. Ojos que hablaban de la inmensidad de su alma, de su vitalidad, de su paz mayormente imperturbable, de sus acciones mesuradas.
Siempre
fue taciturno, por ello solo tres palabras respondieron mi pregunta. No bastaba
más, en ella reunía una vida de experiencia y sabiduría acopiada. Sé que heredó
mucho de su padre, un hombre correcto, nieto de ingleses, y en quien corría esa
herencia biológica. Ambos eran de presencia imponente, elegante, pagada de sí misma,
harto fina. Él se caracterizaba por ser de pocas palabras, pero éstas eran
aguzadas, caviladas, certeras, a veces dolorosas para quien iban dirigidas.
Se
fue pronto de su puerto seguro, el que compartía con dos hermanas menores y sus
padres. Tenía mucho por hacer, por construir, por vivir. Y lo hizo, a su
manera, buscó su compañera, con quien formaría su hogar. Era ésta muy distinta
a él, pero tenían juntos un proyecto de vida. Pronto fueron tres y en ese
momento él descubrió el verdadero amor, el amor que solo se siente por un hijo.
Así se conformó su familia, una familia que se construyó día a día y sin
congojas.
Pero,
como la vida es sagaz, ese pichón voló del nido con premura. Así sus profundos
ojos comenzaron a adquirir un dejo de nostalgia, me atrevería a decir tristeza.
Su compañera siempre lo alentó. Fue dirigiendo sus amenidades hacia actividades
relacionadas a la cultura. Descolló en fotografía, quizás heredado de su padre.
Tenía una especial mirada hacia la vida, mirada que quedaría plasmada en cada
una de sus hermosas obras.
A
pesar de tener un carácter cercano a lo flemático, era infinitamente afectuoso,
sumamente tierno y cercano cuando la ocasión lo requería.
Hoy,
en esta tarde cercana a otra finalización de año, mis palabras lo recuerdan, y,
a pesar de la distancia, lo sienten cercano. Quizás porque las personas que
amamos están dentro de nosotros refugiadas en un lugar seguro de donde nunca se
irán. Hoy mis palabras danzan sobre su ser de inmensidad, pero mi corazón
siempre lo tuvo cerca y cautivado por su inmenso don de gente e inteligencia.
Es
por todo lo que mis palabras han descrito que venero la palabra hermano, pues
ella me trae a él, que, aunque lejos físicamente, siempre está cerca de mi
agitado corazón.
Sandra, diciembre de 2023
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