sábado, 7 de diciembre de 2024

Universos paralelos

 

        Era una tarde templada de septiembre. Ella estaba tranquila en su casa, su hijo había regresado del Conservatorio y andaba rondando por la casa. De pronto oyó  el sonido bullicioso del vehículo de él. Como lo hiciera siempre, correspondiendo a su carácter aturdido, entró sin llamar a la puerta. Ella estaba sentada en el comedor escuchando la música que tanto amaba. Por un instante se sintió intimidada, como era habitual. Estaba acostumbrada a sentir aquello, también era frecuente dejarse a sí misma en último lugar.

          Él estaba frenético y apresurado, traía una propuesta, es más, una imposición. Ésta era la siguiente: para él ya era suficiente el tiempo de noviazgo, ya era tiempo que ella se fuera a vivir con él, de lo contrario, él la dejaría.

          Ella se quedó pasmada, no se lo esperaba. Sintió miedo a la soledad. Su hijo no pasaba mucho tiempo con ella. Se sentiría sola. Se sentiría vacía. Le dijo que sí.

 

          Lo que siguió solo este narrador omnisciente lo sabe. Él engañándola con cuanta mujer podía, ella relegada al hogar atendiéndolo. Hasta que llegó un día, el día del aniversario. Él la saludó con total naturalidad. Ella también, sin saber que las aguas del Mar Rojo que Moisés separó caerían entre ambos como una muralla impenetrable. Él estaba inquieto, sus ojos demostraban desprecio, miedo, confusión, su cuerpo, nerviosismo, todo él era una vorágine de sentimientos encontrados. Ella lo observaba desconcertada, sin entender que sucedía. De pronto la casa parecía un agujero negro que la absorbía, y él un demonio en plena furia. Él no podía musitar palabras, ella susurró: ¿qué pasa amor?. Y de él brotaron las palabras que ella nunca entendió: “se acabó el amor”. Y lo que sigue el lector lo imaginará. Ella llorando, él echando culpas, ella defendiéndose, el carente de empatía abriendo el coche, ella cogiendo sus pertenencias más necesarias, él ya esperándola en el coche… Y afuera llovía, para ella las gotas de agua eran agujas que se le clavaban porque sabía que era el fin.

 

          Pero qué puede este narrador diligenciar por esa mujer que lo entregó todo, que dejó de vivir su vida por él. Sólo imaginar que sí, que existe un mundo paralelo donde ella aprendió a amarse, donde a esa imposición de vivir con él dijo “no”. Y en su mundo fue una diosa venerada por su belleza, su inteligencia, su arte, su sapiencia. Allí, en ese mundo ella descollaba por sus capacidades. Comenzaba a dedicarse a la pintura, algo que hacía muy bien. Comenzaba a escribir y plasmar en el papel todo su sentimiento. Y lo más importante comenzaba a percatarse que ningún hombre le daría el amor que ella necesitaba, porque ese amor, era el amor más puro y más sano, el amor hacia ella misma, la fortaleza, la independencia y la felicidad

          Y déjeme decirle amigo lector que estos dos mundos existieron, no simultáneos, consecutivos. Después del dolor de una traición, como ave fénix renació de sus cenizas y lo está narrando.

Sandra Brinkworth 02/05/2024

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