Te perdono.
Hey, tu. Recostado cual despojo en mi cama. Basta. Ven aquí al espejo y mirémonos
a los ojos. Así, aquí frente a frente. Tengo muchas cosas que decirte. Siento rencor,
indignación. Ha surgido en mí una epifanía por eso me urge hablarte. ¿Sabes? En
realidad, quisiera terminar contigo por todo el mal que me hiciste. Pero no es
la forma, seria más de lo mismo. Por eso te voy a hablar. No sé si te voy a
escuchar, porque no sé, despojo humano, si mereces ser escuchada. Mucho daño me
hiciste.
Mírate en el espejo, todas esas cicatrices en los brazos. Pues no quiero
tenerlas. Y tú me las marcaste para siempre porque estabas enojada. ¿Con quién?
¿Qué daño te hice? Nunca fui mala persona. No merezco tener estas huellas de ese
daño.
Sosiego. Hablemos con calma. Sí, es verdad que quisiera terminar contigo,
pero demasiado daño hay en esta relación. Vamos a entendernos.
A pesar del odio, te aseguro que te entiendo. Es más, al ver tus inocentes
ojos en el espejo me he calmado bastante. Entiendo a tu niña herida, la he leído
en tus escritos, no sé qué le pasó, porque allí todo está muy oscuro. Nunca lo sabré.
Tampoco sabré del trauma. Pero te aseguro que no somos las únicas. Todos lo
padecen y siguen su vida sin hacerse daño.
Yo hoy te propongo que descanses. Que me dejes el control porque estoy más
preparada y se cuál es la dirección y lo más importante, voy a protegernos. Descansa
y te perdono. No sabias lo que hacías y no tenías las herramientas para construirte.
Hoy las tenemos.
Nos esperaran días de presentes eternos, descansa que yo sigo caminando.
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