¿Para Qué?
Rendida a la indolencia, mi forma flácida dibuja
una absurda
geometría sobre el mimbre del jardín, mientras el sol pinta de
oro mi abandono. Observo una gota que cae caprichosa desde el pico de la
canilla. Sopla el viento. Otra gota. Mi figura geométricamente absurda en
quietud, otra gota. Las plantas se mecen. Por el viento. ¿Para qué? Otra gota
cae. Incongruente como las demás, como yo, como las hojas que se mecen. ¿Para qué?
Aquí estoy y está la gota y todo lo demás bajo el sol que nos da formas
irrisorias sin sentido. Como yo.
En esta quietud grotesca y sin propósito,
bajo el sol que moldea existencias carentes de razón, la gota que cae resuena con el silencio
ensordecedor del sinsentido, un eco tangible del absurdo
primordial.
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