Ya no soy dueño. Mi destino no depende de mí. Quién ha
tomado una pluma y me escribe y quien lo inspira a su vez a quien me escribe. Estoy
atrapado en un mundo de letras ordenadas, dolorosas, sarcásticas. Detesto mi
realidad pues no puedo ejercer mi voluntad. Alguien la maneja. Alguien escribe
mi vida, mi historia, mi ser. A su vez alguien le inspira a ese alguien que me
escribe.
Solo soy consecuencia de la pluma. Atrapado entre páginas
en blanco que alguien va escribiendo sin siquiera preguntarme si es lo que
deseo. ¿Por qué ese alguien esta tan atormentado? Y su tomento lo traduce en
las letras que me leen, que me describen, que me dan un futuro incierto para mí.
Un futuro que alguien de antemano ya sabe.
Me han colocado frente a mí un espejo. En él me veo como
me imagino quien me escribe. Quien, a su vez, escribe la historia del escritor.
El espejo refleja a un ser desdichado, con rasgos cansinos y desesperados. Con una
vestimenta impecable. ¿Por qué me ha vestido de estas formas? No coinciden con
todo lo que está escribiendo de mí.
Quiero escapar, pero el tomó otra vez la pluma. “lo llevaron,
contra su voluntad, hacia la horca, debía pagar sus incontables crímenes” … por
qué, yo no cometí ningún crimen, no quiero morir en manos de la pluma de un
escritor atormentado.
“Finalmente colocaron la soga en su cuello y en cuestión de
segundos sus pies colgaban inertes, como inerte fue su vida. Quería escapar de
su destino, este ya estaba escrito”
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